Carne escondida en el retrete – el lado gastronómico de la guerra submarina de Hitler

2020-04-05

Carne, verduras (principalmente patatas), pan y frutas eran los ingredientes básicos de la alimentación de los soldados que realizaban su servicio en los U-Boots durante la II guerra mundial.

Aunque los submarinos alemanes capaces de recorrer largas distancias eran unas maquinas de guerra excelentes, la comodidad de los tripulantes no fue la prioridad para sus arquitectos.

Submarinos tipo VII, fuerza motriz de la armada alemana Kriegsmarine, construidos en cantidad de 700 unidades eran demasiado pequeños para servir en oceanos. Dentro no había espacio ni siquiera para una despensa o nevera. Sin embargo para una patrulla de un mes y medio el barco llevaba una carga de 12,5t de alimentos para 50 tripulantes, entre ellos: 2180kg de conservas de carne, 108kg de salchichas, 1750kg de patatas, 151kg de pescado – informa el libro «U-Boot. La vida cotidiana en el submarino durante II guerra mundial».

Submarinos alemanes operaban principalmente en el Atlántico

Los suministros se guardaban en cualquier hueco. Literalmente. Entre torpedos, por encima de las cabezas, debajo de las mesas y… en el baño. La falta de despensa en el barco provocaba muchas veces situación en la que uno de los dos aseos se convertía temporalmente en almacén. Los suministros ocupaban el váter y el resto del cuarto.

El aseo en el submarino alemán tipo VII (foto: James Steakley)

Fiambres, salchichas y pan descolgaban del techo entre los tubos lanzatorpedos y por encima de las cabezas de los soldados. El objetivo era frenar el proceso de putrefacción los alimentos, que en ámbito cerrado de submarino era inevitable.

Aunque en los primeros meses de la guerra durante la travesía los submarinistas podían variar su alimentación comprando el pescado a los pescadores en alta mar, capturando comida fresca de los barcos de enemigo antes de hundirlos o tal vez pescando, este lujo desapareció junto con el seguimiento mas efectivo de los U-Boots por la parte de los aliados.

En los primeros días de la travesía se consumían productos frescos. Después la cosa empeoraba. Quedaban solo productos con la fecha de caducidad larga. Y conservas. Que a veces explotaban por culpa de cambio de presión. A veces estaban mal envasadas o etiquetadas – entonces tocaba comer todos los días lo mismo, por ejemplo salceson.

«Sabe usted como huele el interior de submarino? Aceite, petroleo, pintura, moho y orina.» – recordó en su libro «El Lobo del Atlántico» Otto Kretschmer, comandante de U-99, uno de los comandantes mas eficaces en Kriegsmarine con apodo «El rey de tonelaje».

El aseo solo se podía utilizar en poca profundidad. Mas abajo para necesidades fisiológicas se utilizaba cubos, luego vaciados durante el ascenso.

A todo esto hay que añadir el olor de perfumes. Tratando de camuflar el olor, los tripulantes se volcaban botellas enteras a los cuerpos sudados y raramente limpios. En caso de avería o inundación del motor eléctrico aparecían también humos tóxicos de cloro.

Un buen cocinero que sabía sacar un sabor exquisito  en estas condiciones y de estos productos tenía mucho valor. Su trabajo no era fácil. Trabajaba en una cocina enana con pequeños fogones eléctricos cocinando para varios turnos.

Cocina de U-Boot tipo VII (grafika: James Steakley)

Aunque la tripulación de submarinos recibía los mejores alimentos en Kriegsmarine, con paso de tiempo les asignaban también Bratling – un sustituto de carne a base de soja. Hacia que la comida era todavía menos apetecible. Cuando la travesia se alargaba las raciones alimentarias incluso se recortaban.

U-Boots tipo XXI construidos a finales de la guerra fueron los primeros modelos que en su interior tenian nervera, aire acondicionado y un buen sistema de filtracion del aire. Despensa, cámara fría y nevera se encontraban debajo de la cocina. Por los suministros se bajaba en una pequeña escalera.